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Antonio Aimi

Profesor de Literatura Hispanoamericana
en la Universidad de Milán, estudioso de la historia
y de las civilizaciones precolombinas.
Milán, 2009.
ITALIA

TRANSMUTACIÓN Y SÍMBOLOS TRANSMUTATIVOS





Poema Mítico, 1985, mármol de Carrara,  colección Museos del Banco Central, San José, Costa. Rica.
Poema Mítico, 1985, mármol de Carrara, colección Museos del Banco Central, San José, Costa. Rica.

(…) Deredia no se limita a hacer de la esfera y del círculo los símbolos fundamentales de su interpretación de América. Sus esferas no son inmóviles ni están congeladas en el tiempo, no son como las esferas precolombinas de Costa Rica. Sus esferas y sus círculos cambian, se mueven, se transforman en seres vivos. A menudo sus obras, dispuestas en serie, muestran explícitamente la transformación de la figura geométrica en algo “distinto”, muchas veces en una persona o un animal. En otros casos, cuando realiza obras aisladas que no forman parte de una sucesión lógica o temática, se puede intuir la forma originaria de la cual ha sido generada la escultura que contemplamos, o bien observar una figura que está emergiendo (o desapareciendo, según el punto de vista) en una forma geométrica. En otras ocasiones, la transformación de una obra en otra se produce componiendo y descomponiendo formas elementales. “Para realizar Esfinge o Poema Mítico –narra Deredia en una entrevista- construí un triángulo, un paralelepípedo y una esfera y con estos elementos primordiales comencé a hacer como un juego que consistía en separarlos y reunirlos. En un determinado momento me he dado cuenta de que ese juego no era un fin en sí mismo; en esa descomposición y recomposición de los elementos se producía una transformación de la materia. He comprendido que el sentido de la materia, su verdad, radicaba en su capacidad de transmutarse, y que a través de la transmutación la materia expresaba una verdad profunda” (Inserra 2004). Para Deredia, por tanto, la transmutación representada en sus obras no es sólo “verdadera” respecto a la materia – en su caso el mármol, que para el artista es “el material por exelencia”-, sino que constituye la metáfora de un proceso mucho más amplio; de un proceso totalizante, se podría decir, que va de las transformaciones de las células de los seres vivos al cosmos. “Para mí la nada no existe –ha explicado en esa misma entrevista-, existe el devenir. Nosotros éramos, somos y seremos, en este gran proceso de transmutación de la materia [...] La nada es probablemente el todo. Hay un sincretismo de contrarios que se encuentran en la representación circular [...], donde el blanco y el negro, el bien y el mal se hacen todo uno”. Los críticos de arte podrán apreciar en estas palabras una interesante convergencia con lo que Henry Moore, otro artista profundamente influenciado por el arte prehispánico, había escrito a propósito de la verdad/veracidad (en inglés Moore emplea las palabras true/truth) de la “pietricidad” del arte azteca: “En el momento en que descubrí el arte mexicano, me pareció verdadero y válido, en parte porque me sorprendió inmediatamente su semejanza con las esculturas del siglo XI que había visto de pequeño en las iglesias del yorkshire.
Su “pietricidad” –término con el cual pretendo expresar su veracidad respecto al material, el tremendo poder sin pérdida de sensibilidad, su sorprendente variedad y fertilidad en los descubrimientos formales, su acercamiento a una concepción plena y tridimensional de la forma– hace que a mi parecer no haya sido superado por lo que respecta a la escultura en piedra de cualquier otro período” (Moore 1993, p. 107). A mí sin embargo me parece importante poner de relieve, más allá de la común referencia a la veracidad de la materia respecto a la forma, que mientras para Moore la relación con el arte prehispánico queda conf inada al ámbito artístico, para Deredia en cambio existe una continuidad en el plano del contenido. De hecho, paradójicamente, por mucho que intente explicar el concepto de transmutación y de símbolo transmutativo creando una visión del mundo personal y sincretista, en la que encuentran espacio elementos que van del pensamiento taoista (ying-yang) a Jung, pasando por la tradición cristiana (católica/protestante), la transmutación que vemos en sus obras no hace otra cosa que representar, actualizándola, la visión del universo de los pueblos americanos. Esta representación, sin embargo, y eso lo que lo diferencia de otros grandes del arte moderno, no se produce en el plano de la forma (aparte de la referencia explícita a las esferas de Costa Rica), sino como ya se hadicho en el plano del contenido. y por contenido no se entiende aquí lo que las diversas culturas precolombinas habían producido en un determinado momento histórico (es decir, sus concepciones religiosas o sus mitos cosmogónicos y/o identitarios), sino el sustrato filosófico –los rasgos ontológicos, se podría decir– de su visión del mundo. Deredia, en efecto, no reelabora estilemas prehispánicos (el chac-mool mesoamericano que se convierte en la Reclining Figure de Moore, el uncu inca transformado en la Harmonie der Nördlichen Flora de Klee, los cuchimilcos propuestos de nuevo por Runcie Tanaka, las “falsas” cabezas retomadas por Torres García o las asas en forma de estribo, los mangos en puente y las vasijas-retrato de las culturas costeras de Perú citados por Gauguin en las cerámicas de 1886-1889).
Proyecto de Canadá, 2009, Totem La Noche, mármol blanco de Grecia, detalle, colección privada, San José, Costa Rica. cm 140 x 50 x 5.
Proyecto de Canadá, 2009, Totem La Noche, mármol blanco de Grecia, detalle, colección privada, San José, Costa Rica. cm 140 x 50 x 5.

Proyecto Yucatán, desarrollo arquitectónico, 2009, mármol blanco de Grecia, detalle.
Proyecto Yucatán, desarrollo arquitectónico, 2009, mármol blanco de Grecia, detalle.
Proyecto de Chile, desarrollo arquitectónico, 2009, mármol blanco de Grecia. cm 14 x 145 x 145
Proyecto de Chile, desarrollo arquitectónico, 2009, mármol blanco de Grecia. cm 14 x 145 x 145
Chac Mool del templo de los guerreros, X-XII sec. Sitio arqueológico de Chichén Itzá (yucatán).
Chac Mool del templo de los guerreros, X-XII sec. Sitio arqueológico de Chichén Itzá (yucatán).
Tampoco lleva a cabo un trabajo de mera evocación, como aquellos autores (De Syzslo, Wiesse...) que dan nombres relacionados con el mundo prehispánico a obras carentes de reenvíos a estilemas del arte precolombino; no retoma y transforma en arte un elemento de la cultura material (el nudo de los quipus desarrollado por Eielson), ni coloca en sus obras “citas” de arte precolombina como hacen Diego Rivera, Frida Kahlo y los demás muralistas. No: Deredia hace algo absolutamente nuevo. Realiza obras situadas completamente en el surco del arte contemporáneo, que nos muestran adónde puede llevar hoy la concepción del mundo de las culturas barridas por la conquista.


Recuerdo Profundo, bronce. cm 170 x 220 x 150


Deredia, por lo tanto, utiliza y hace vivir en el presente una visión del mundo que parecía muerta hace quinientos años, y que como mucho se podía entrever mediante una inteligente lectura de los datos arqueológicos y etnohistóricos. Para nosotros, en efecto, el problema del mundo precolombino –a diferencia de lo que ocurre por ejemplo con China, India o el Islam– es que no sólo está condenado a una irreductible alteridad, sino a una alteridad detenida hace quinientos años, y que consiguientemente toma la forma de un exotismo sin duda fascinante, aunque difícilmente comprensible: las innumerables divinidades aztecas, los sacrificios humanos, una religiosidad penetrante y totalizante o los mitos cosmogónicos que, inevitablemente –incluso frente al más voluntarioso politically correct– adquieren el sabor de fabulitas extravagantes. Porque no le ha sido dada al mundo prehispánico la posibilidad de hacer hablar a los filósofos y los teólogos capaces de explicar el verdadero significado de lo que vemos a través del filtro de la arqueología y de las fuentes etnohistóricas. Si la cultura de Europa hubiera sido destruida por una invasión azteca, ¿sería posible reconstruir la Summa Theologiae a partir de las narraciones de un párroco rural del siglo XVI? ¿Podría un japonés de hoy imaginar que Giotto y Miguel Ángel han generado a Picasso, o que de las hogueras de la Inquisición se ha llegado a la secularización de la Europa moderna? y bien, Deredia hace precisamente esto: nos hace ver una de las posibilidades, sin duda una de tantas, de una visión del mundo que parecía desaparecida y relegada a los manuales de arqueología y etnología.
Colgante zoomorfo. Composición binaria, Cultura Boruca, Pacífico Sur, Museo del Oro Precolombino. Costa Rica.
Colgante zoomorfo. Composición binaria, Cultura Boruca, Pacífico Sur, Museo del Oro Precolombino. Costa Rica.
Alfa y Omega, 1989-1990, mármol rosado de Portugal, colección privada, Alajuela, Costa Rica. cm 40 x 80 x 30
Alfa y Omega, 1989-1990, mármol rosado de Portugal, colección privada, Alajuela, Costa Rica. cm 40 x 80 x 30
Arraigo, 2003, bronce, colección privada, Monterrey, México. cm 46 x 55 x 46
Arraigo, 2003, bronce, colección privada, Monterrey, México. cm 46 x 55 x 46

En particular, nos hace ver aquéllo que habría podido nacer y lo que todavía podría nacer en materia artística de una concepción de la realidad que profundiza sus raíces en el pensamiento prehispánico. y precisamente por esto, porque aprehende el sustrato ontológico, Deredia, a diferencia de lo que hicieron los muralistas o los artistas indigenistas, no tiene necesidad de representar temas o eventos de época precolombina o de la conquista, o escenas costumbristas. Estas elecciones han tenido mucha importancia en la historia cultural de México o Perú (en realidad, más en México que en Perú, ya sea por una tradición y una historia diversas, ya por la existencia de intérpretes de distinto nivel), pero volverlas a proponer actualmente sería obvio, decididamente demasiado previsible; sobre todo si el mundo prehispánico no es una referencia externa sino una condición interiorizada. El resultado de esta elección de campo es un poderoso trabajo de traducción que no tiene precedentes; o mejor dicho, tiene precedentes sólo en los grandes autores de la literatura hispanoamericana, en autores (a bote pronto viene a la mente el realismo mágico) que son absolutamente modernos desde cualquier punto de vista (lengua, estilo, género literario...), pero que hacen revivir fragmentos de una realidad que nunca habríamos imaginado, y que parecía perdida para siempre. Como en la “normal” fusión entre magia y realidad en Cien años de soledad de Gabriel García Márquez o como en Hombres de maíz de Miguel Ángel Asturias, en donde el nagualismo de los mayas deja de ser objeto de estudio de la antropología para convertirse en una visión del mundo posible y razonable, o como en La región más transparente de Carlos Fuentes, una novela ambientada en el México del siglo XX en la que el lector acaba por hacer suyo el punto de vista azteca, representado por Ixca Cienfuegos, y un sacrificio humano se funde y confunde con un “normal” incidente doméstico; de igual forma, la transmutación de las obras de Deredia actualiza la visión del mundo de las culturas prehispánicas. (…)


Arraigo, 2003, bronce, colección privada, Monterrey, México. cm 46 x 55 x 46

* De Antonio Aimi, En las raíces de Deredia y las culturas indígenas de América, en Deredia a Roma, libro curado por Fabio Isman y Jiménez Deredia, catálogo de la exposición, Mondadori Electa, Milán, Italia, 2009, pág. 57-61.




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