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María Amoretti Hurtado

Filóloga especializada en el estudio
de identidades culturales
Profesora Emérita de la Universidad
de Costa Rica, San José, 2015.
COSTA RICA

JIMÉNEZ DEREDIA Y LA HIBRIDEZ EN EL ARTE LATINOAMERICANO

(...) Hablar de Jorge Jiménez Deredia y de su obra es fácil y difícil a la vez.
Es difícil porque la profundidad a la que llama su propuesta artística compromete emociones e intelecto, disciplinas diversas y una confrontación entre culturas que es, al mismo tiempo, un diálogo muy complejo y no del todo desproblematizado.
Es fácil porque es un artista que conscientemente se ha propuesto un proyecto ideológico-cultural y porque estudia, evoluciona y crea un lenguaje con todas sus implicaciones: un sistema de significaciones, una morfología específica y una proyección sintagmática siempre coherente. Sin embargo, el arte escultórico derediano es más que un lenguaje, es una poética; en otras palabras, es una búsqueda de un sentido intuido y evocado, pero no dicho del todo racionalmente. (...)
(...) Jiménez Deredia está convencido de que su creación no proviene de una concepción previa del mundo, sino todo lo contrario: es el arte el que le ha proporcionado una compresión de la esencia última del mundo y es su tarea dedicar la vida a expresar y trasmitir esta comprensión a los demás. Es, pues, una vida vivida filosóficamente.
De la arquitectura, afirma el artista, tomó su arte el sentido antropológico, de ahí que para él la creación artística se genera de una correcta comprensión de la propia identidad cultural. Así, en el olvidado sustrato indígena de su identidad cultural, encuentra un símbolo que, en su prístina desnudez, le muestra el sentido del ser y su existencia: las esferas de piedra esculpidas por una civilización indígena del pacífico sur de Costa Rica, a la cual provisoriamente nos referiremos con la denominación genérica de “antiguos borucas” y cuya significación y procedencia todavía constituye un enigma.
El Alquimista, 2012, bronze / bronce inches 27.5 x 25.9 x 14.9 cm 70 x 66 x 38
El Alquimista, 2012, bronze / bronce inches 27.5 x 25.9 x 14.9 cm 70 x 66 x 38
Génesis de Alquimia, mármol, detalle.
Génesis de Alquimia, mármol, detalle.

Ese descubrimiento va a marcar de allí en adelante su obra escultórica. El círculo va a constituir no solamente un elemento estético básico, sino también el ícono de un pensamiento, ya que el círculo simboliza, además, el ser en pos de sí mismo.
De los antiguos Borucas, Deredia aprehende tanto el sentido de la esfera como su proceso constructivo. Alineadas en relación con la naturaleza y probablemente con la bóveda celeste, las esferas borucas parecen inscribir la existencia del hombre en relación con la armonía del cosmos. Con esta visión de un arte que busca la experiencia de lo sagrado, Deredia va a concebir un arte original porque combina deconstructivamente lo tradicional y lo contemporáneo, en busca de formas alternativas para el mundo de la vida. De esa deconstrucción sale el impulso metafísico que está en la base de sus formas escultóricas: el principio transmutativo. (...)
(...) En sus esculturas, las piedras se ponen en movimiento y se agrupan: construyéndose y reconstruyéndose, cambiando y registrando al mismo tiempo el proceso por el cual su arte se engendra. Moviendo las formas más simples, su arte se propone como acción y lenguaje. El pasaje de un estado a otro implica transformación, por eso hay un evento que se desarrolla en el espacio, pero también en el tiempo; de ahí que, sin mímesis, el acto creativo se pone en escena y la percepción se ve obligada a acompañar este movimiento.
La simplicidad de las formas, sin pliegue alguno -como dice el propio Deredia-, busca no distraer la percepción de la temporalidad que se construye con los alineamientos de las partes. Así, el espacio se torna tiempo por el movimiento de los elementos en el todo, pero se trata de un tiempo multidireccional que da cuenta del devenir de la parte en conjunción con el todo.
Juegos ternarios y cuaternarios de piezas son alineadas siguiendo los procesos de las germinaciones terrestres, como en Las Génesis; y las transubstanciaciones cosmológicas, como en las Imágenes Cósmicas.
La fundación de su arte está en el alineamiento, de ahí la necesidad de las series, ya que la percepción debe funcionar primero diacrónicamente, para alcanzar luego la sincronía dinámica de la aprehensión global. Es la percepción la que se vuelve tiempo ante la obligatoriedad del trayecto que la serie impone. Circular es el adjetivo relativo al círculo, pero circular es también un verbo que implica ir y venir, transitar; así, la percepción está obligada a andar, experimentando el tiempo de una historia cosmológica con vocación de eternidad.
Génesis de Yucatán, esfera, 2009, mármol, detalle.
Génesis de Yucatán, esfera, 2009, mármol, detalle.


La Ruta de la Paz, proyecto USA, 2011, mármol y granite, detalle.
La Ruta de la Paz, proyecto USA, 2011, mármol y granite, detalle.

La Ruta de la Paz, proyecto de México, 2011, bronce y mármol, detalle, Jardín escultórico Jiménez Deredia, Hacienda Espinal, Costa Rica.


La simplicidad de la esfera y sus alineamientos provocan, pues, estímulos físicos que parecieran corresponder a imágenes arquetípicas isomórficas que se activan en el inconsciente. Lo analógico-mítico se confunde con lo biológico-orgánico, y esa conjunción provoca una experiencia mística de hermandad cósmica, que se manifiesta bajo la forma de una sensación de nostalgia por la unidad y la plenitud perdida. (...)
(...) Para mí, la originalidad de Jorge Jiménez Deredia está en haber encontrado, además, una nueva génesis a nuestra identidad costarricense; una nueva génesis que resulta, no solo psicológicamente más plausible, sino que política y globalmente más productiva y fecunda.
Ante la desesperanza y el “malestar difuso” generalizado por el desarrollo y sus tecnologías, los símbolos que el arte de Jiménez Deredia recupera desde el fondo de su identidad cultural abren la posibilidad de una terapia existencial, una forma de espiritualidad que se entronca con largas tradiciones.
La terapia que Deredia le asigna al arte es una armonización del todo que es el hombre: conciencia e inconsciencia, mito y razón, concepto e imagen. Su obra ensaya un remedio contra el “malestar difuso” de nuestro tiempo (Loiacono, 2004, 91), mediante una comunicación integral de todas las dimensiones humanas que recupere el valor de los antiguos códigos en nuestras enfermas sociedades modernas.
Por eso, no se puede permitir ninguna confusión. Aquí no se trata de religión, sino de religiosidad, en el sentido estricto de su etimología: re-ligare, volver a unir, re-unir, volver a unir lo que alguna vez estuvo unido. El arte de Jiménez Deredia es un esfuerzo sui generis por encontrar de nuevo el sentido de trascendencia en la unidad del ser humano consigo mismo, con los demás seres y con el cosmos.
Su arte nos recuerda que no estamos solos y que nuestra existencia no es una aventura efímera, que nuestro destino es sublime, pues hermanados con el todo, somos parte del inmenso proceso cósmico y, por lo tanto, su armonía y su perennidad también nos pertenecen. (...)
La Ruta de la Paz, proyecto USA, 2011, mármol y granito, detalle.
La Ruta de la Paz, proyecto USA, 2011, mármol y granito, detalle.
La Ruta de la Paz, Proyecto Colombia, Luna, 2008, mármol y granito, cm 170 x 350 x 70 Jardín escultórico Jiménez Deredia, Hacienda Espinal, Costa Rica.
La Ruta de la Paz, Proyecto Colombia, Luna, 2008, mármol y granito, cm 170 x 350 x 70 Jardín escultórico Jiménez Deredia, Hacienda Espinal, Costa Rica.
La Ruta de la Paz, Proyecto Colombia, Sol, 2008, mármol, detalle.
La Ruta de la Paz, Proyecto Colombia, Sol, 2008, mármol, detalle.
(...) La propuesta artística de Deredia vuelve a poner de relieve la capacidad de la cultura latinoamericana para dialogar con las antiguas y nuevas metrópolis y reclamar un lugar de paridad, porque este escultor costarricense parte del gesto significativo de creer en su potencial cultural, de darse protagonismo y valor como sujeto histórico, a pesar de la incomprensión de algún rastacuerismo local (vocablo de origen galo con el que Ruben Darío se refería a “ceux qui ne comprennent pas”).
Pero la autoridad de este reclamo de respeto intercultural debe ser respaldada previamente por una afirmación que, partiendo de su pequeño terruño, se inscriba en una forma identitaria de nivel continental. Por ello, “desde la paz del búfalo hasta las azotadas arenas de la tierra final”, Deredia realiza una peregrinación cultural que va localizando a lo largo de territorio americano los símbolos de su herencia ancestral. En este sentido, su figura nos recuerda también a otra muy querida para los latinoamericanos, cual es la del chileno Pablo Neruda y su propuesta panamericanista en Canto General, su obra cumbre.
Pero los contextos son muy distintos para estos artistas y mucha agua ha pasado bajo el puente de la historia entre uno y otro. En estos momentos, América Latina está creando una plataforma de observación de la historia y de los hechos sociales, que nos permite un mayor acercamiento no solo a la compleja condición de nuestras identidades, sino también a la tesitura del momento que vivimos como comunidad humana. Como nunca antes en la historia del pensamiento latinoamericano, actualmente se está dando una toma de conciencia tal, que ha estimulado el trabajo conjunto de un equipo interdisciplinario de intelectuales verdaderamente comprometidos con su cultura.
La Ruta de la Paz, Proyecto Costa Rica, 2008, mármol, detalle, Jardín escultórico Jiménez Deredia, Hacienda Espinal, Costa Rica.
La Ruta de la Paz, Proyecto Costa Rica, 2008, mármol, detalle, Jardín escultórico Jiménez Deredia, Hacienda Espinal, Costa Rica.
Jiménez Deredia junto a un grupo de esculturas precolombinas, Santa Ana, Costa Rica, 2015.
Jiménez Deredia junto a un grupo de esculturas precolombinas, Santa Ana, Costa Rica, 2015.
En este contexto, la obra del escultor costarricense nos permite valorar la eficacia de esas herramientas críticas creadas por dicho grupo, como ellas también nos permitirán calibrar la fuerza de la energía utópica que anima el trabajo artístico de Deredia. Ambos pensamientos, el de la nueva teoría cultural latinoamericana y el de la escultura antropológica del artista costarricense, están saturados de un optimismo que contagia y nos llena de esperanza. (...)
(...) Su obra destaca por la diafanidad de un mensaje esperanzador al desenterrar, no el espejo en que se mira una cultura contrapuesta a las otras, sino el símbolo que por su ancestralidad primigenia lanza un doble puente de luz: uno hacia el interior de la cultura propia y otro desde esa cultura hacia las otras. Por eso afirma el artista que no puede haber arte si este no se nutre de un conocimiento de su propia cultura; en otras palabras, lo que el ser humano pueda llegar a ser tiene estrecha relación con lo que le ha sucedido: son las circunstancias de su pasado y de su presente, y la forma en que ha venido lidiando con ellas, lo que pone al sujeto en condiciones de hacer la donación de esa experiencia cultural a las otras culturas. De ahí la acertada elección de Cristina Giammoro, en su libro Deredia y el simbolismo transmutativo (2009), al presentar el arte derediano por medio de una biografía artístico-filosófica. Allí se imbrica el devenir personal de la vida del artista y la forma en que respondió a los diferentes contextos humanos, geográficos y culturales, por los que transcurrió hasta llegar a la concepción del principio transmutativo que será la base de su programa estético.
La obra de Deredia nos muestra que América Latina redefine su lugar en el concierto de naciones, llevando en la mano la donación de su experiencia para el mundo. (...)
(...) Porque busca opciones nuevas para la vida en el mundo moderno, el proyecto de Jiménez Deredia es, por eso, profundamente ético y político. Su obra trabaja en los enterrados símbolos del pasado para encontrar una luz que recupere la totalidad de nuestra identidad y, de esta manera, proyectar una alternativa de vida para el hombre moderno. Dentro de la creación derediana, se moviliza una energía utópica que nos devuelve la esperanza de creer que todavía es posible un mundo mejor, porque quizá, alguna vez, ya ese mundo fue real entre nosotros. Al respecto, afirma Deredia que utopía es luchar para concretar una imagen: si algo es posible es real, solo que todavía un velo lo oculta a nuestra mirada. Hay que atravesar la transparencia de ese velo y perforar su opacidad para develar la imagen que nos revelará la última verdad.
Con la develación poética de la esfera boruca, la escultura derediana pone en evidencia que nuestra cultura cuenta con una sabiduría inédita para ofrecer en esta búsqueda el aporte que solo ella puede dar.
Por todas esas razones, Jiménez Deredia no solo sueña un mundo, sino que proyecta, en su más amplio sentido, la idea de un mundo y lo pone a circular.


Jiménez Deredia junto a un grupo de esculturas precolombinas, Santa Ana, Costa Rica, 2015.


* De María Amoretti Hurtado, Jiménez Deredia y la hibridez en el arte latinoamericano, San José, 2015, Bandecchi & Vivaldi Editori, Pontedera, Italia, 2015, pag. 9-14, 16-19.




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