Luis Rius Caso
Director Museo Casa Studio
Diego Riviera y Frida Kahlo
Ciudad de México, 2015
MÉXICO

LAS GÉNESIS. UNA PROPUESTA ESCULTÓRICA DE JIMÉNEZ DEREDIA
(…) “Artista de corazón y de cabeza”, como bien lo definió el crítico Pierre Restany, Jiménez Deredia no se cierra a las lecturas polisémicas por parte del espectador, pero sí propone una visión del mundo y del arte que requiere del conocimiento de al menos algunas de las claves de la semántica que las sustenta. Sus conceptos de espacio y tiempo, vinculados a su tesis del Simbolismo Transmutativo, base de su planteamiento existencial y filosófico, se imponen como necesarios para lograr una interpretación plena.

Espacio Cósmico, 1990, mármol blanco de Carrara, detalle, cm 60 x 50 x 30 colección privada Cartago, Costa Rica
Este simbolismo es resultado de una largo y profundo proceso de investigación y auto investigación por parte del artista, que supone una asombrosa comunión entre sus orígenes culturales, basados en las inquietantes esferas realizadas durante más de 2000 años por la cultura prehispánica Boruca, donde hoy es Costa Rica y la herencia de la cultura clásica occidental que el escultor ha estudiado a profundidad, fundamentalmente en Italia, y que involucra saberes de historia del arte, arquitectura, astronomía, arqueología, simbología comparada y por supuesto de oficio escultórico al más alto nivel, entre otros. La erudición es uno de sus soportes, por supuesto, y no lo son menos su intuición e imaginación, con la que Andrè Breton definió como creadora, capaz de simbolizar y proponer sentidos. (…)
(…) La cercanía o quizá más aún, la relación sinestésica o de alianza entre la poética de Jiménez Deredia y las teorías científicas del Big Bang, dan cuenta de la magnitud de su proyecto y por lo tanto justifican su orientación hacia la búsqueda de la verdad. El arte suyo tiene esa función o, dicho de otro modo, es un instrumento para comprender de dónde venimos y cómo somos. No queda mucho espacio para las búsquedas subjetivas ni para las concepciones relativistas del mundo, como las que predominan en el arte y la cultura de nuestros días. Sobre su creencia en la teoría del Big Bang también le pregunté, y obtuve la siguiente respuesta, que resume con toda precisión su poética: Es cierto, estoy profundamente convencido de que en el momento cero o Big Bang, todos estábamos presentes, el tiempo y el espacio nacen en ese momento, porque con la aparición de la materia se genera el movimiento y con ella el tiempo, nosotros somos materia y automáticamente somos tiempo y espacio. El proceso cósmico del universo, al que pertenecemos, es un continuo proceso de transmutación. En pocas palabras nos hemos venido transmutando a partir del momento cero y hoy tenemos el privilegio de tener una estructura cerebral que nos permite mirar hacia atrás como en un espejo, podemos descodif icar la memoria que está escrita en nuestros genes, con la ciencia y con el arte. No nos debemos olvidar que el arte llega antes de la ciencia porque utiliza el método de la imagen y no el de la razón que debe de seccionar para entender, la imagen da un sentido de la totalidad, gracias a los símbolos.

En Busca del Mito, 1979, Desarrollo arquitectónico mármol blanco de Carrara cm 35 x 140 x 130 Colección del Museo de Arte de las Américas, Washington, EE.UU.

Participación Cósmica, 2015 bronzo e ferro / bronze and iron inches 177.1 x 78.7 x 61 cm 450 x 200 x 155

La Ruta de la Paz - Proyecto Yucatán (detalle), 2009, Desarrollo arquitectónico mármol blanco de Grecia cm 20 x 240 x 115
Estoy profundamente convencido de que somos polvo estelar en transmutación y esa transmutación tuvo inicio con el Big Bang. Pienso además que la materia nace de la antimateria que no tiene ni tiempo ni espacio, por ese motivo está escrita dentro de nosotros la idea del no tiempo que ha llevado al ser humano a pensar en un principio sin tiempo. Cuando tomamos conciencia de nuestra participación cósmica, los problemas ontológicos adquieren una dimensión más sencilla porque no nos sentimos solos en el universo y nos puede dar la sensación de tocar con la punta de los dedos lo eterno que vive dentro de nosotros. (…) (…) El arte de Deredia se orienta hacia una restitución de la unidad perdida, pero a diferencia de casi todos, él no se refiere a realidades relacionadas con la divinidad ni con situaciones intrahumanas, como la unidad perdida a la que alude el surrealismo, sino a una realidad metahumana, cósmica, proveniente del Big Bang, que subyace en nosotros como una memoria no exenta de nostalgia. Habita nuestros genes y nuestro inconsciente colectivo, y se manifiesta como una nostalgia, como un dolor provocado por el recuerdo inconsciente e intuitivo de una pérdida. En nuestro ser habita, entonces, la memoria de ese proceso cósmico que en buena medida se vincula con el advertido por Darwin en su teoría de la evolución de las especies. A nivel intuitivo podemos percibir que nuestro ADN tiene mucho en común con el de plantas, minerales, animales, la naturaleza, el cielo…Quizá por ello nuestro asombro y gusto cotidiano por atardeceres, paisajes, la estética de la naturaleza. Quizá por ello nuestra conformidad, como diría Borges, con la miseria de una puesta de sol. Puede decirse que esta visión es trascendental: percibe nuestra vida en la tierra como parte de un recorrido mucho más amplio, en el que nos acompaña todo cuanto nos rodea. Acaso sea el más significativo, por el nivel de consciencia y plenitud que aporta la existencia humana, pero es sólo parte de un incesante proceso de transmutación. (…) (…) La misión de las Génesis es, entonces, describir el proceso cósmico del que venimos y del que llevamos profundos indicios ancestrales. No obstante estar fincada en sólidos conocimientos científicos y racionales, aspira a lograr una traducción simbólica de todo cuanto no es racional. El misterio, el inefable, lo indeterminado le atañen en la medida en que abren horizontes de un absoluto que también somos, o, dicho de otro modo, que permiten reconectar simbólicamente la parte racional con la parte numinosa, con la intensidad interior.
Resulta sorprendente la alianza entre arte y ciencia que establece con su obra Jiménez Deredia. Suscribe una teoría nacida de un planteamiento abductivo fuerte, la del Big Bang, cuyas hipótesis siempre serán una tarea pendiente de comprobarse. Como artista él no necesita cumplir tal requisito. Está exento y por encima de éste, no bien su producción goza de la licencia de desplazarse entre la pertenencia y la autonomía y de asumir sus propias hipótesis, que no necesitan comprobarse en términos de verdad científica. Más que depender de la teoría del Big Bang la alimenta con sus intuiciones, vínculos y hallazgos en otros campos. Sabe, como bien lo expuso en una cita anterior, que la imagen llega a la gente antes que la razón de la ciencia, que se ve obligada a seccionar. Los efectos de su trabajo, asimismo, se miden en otros regímenes y tienen que ver con una pragmática que involucra su aceptación como propuesta artística y como producción simbólica. También con la intuición y con la sensación, desde luego. A la vez que encarna esa antigua alianza renacentista, también afirma esa libertad del arte inteligente que toma de diversos saberes pero sin menoscabo de su propia especificidad. Su producción escultórica se verifica en la institución del arte y sobre todo ante los diversos públicos que la acreditan o la culminan en el proceso de recepción. Deredia es un artista que toma muy en cuenta a los públicos (a los públicos activos), y es su mayor interés el de conectarse con estos a nivel intuitivo. No busca instruir ni aleccionar, sino despertar desde su visión artística una memoria genética y un inconsciente colectivo –inabordables únicamente desde la fundamentación científica– orientados a individualizar y reactivar los símbolos. y en tal objetivo, sobre todo, a partir del legado boruca, a “aprender a vivir en sentido circular”, armónicamente. (…)

Génesis de Costa Rica, 2003 mármol Bardiglio Gris de Carrara, cm 50 x 210 x 50 colección privada, San José, Costa Rica

Génesis de Costa Rica, 2003 Detail / Detalle

Génesis de Inicio Cósmico, white marble from Greece mármol blanco de Grecia
inches 16.1 x 105.5 x 16.5 cm 41 x 268 x 42
